jueves, 2 de diciembre de 2010

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Defensa de la alegría


Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegía como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.



M.B.

4 comentarios:

Luis Antonio dijo...

El problemas es no tener la alegría. Mal puede defenderse lo que no se tiene.

Besos

Danann dijo...

Siempre esta dentro de nosotros, lucha por ella y saldra...aun en los momento peores puede encontrarse....es como la magia, hay que creer en ella

desastre manifiesto dijo...

La alegría y la tristeza surgen: es absurdo cualquier defensa de estos estados y tan malo es la ausencia de uno como del otro, Danann. Lo verdaderamente defendible es la sabiduría para gestionarlos.

Mucha felicidad.

Danann dijo...

Indiscutiblemente la sabiduria para manejarlas hace que surjan una u otra de la manera mas conveniente...yo lucho por ella, me gusta que surja y se quede junto a mi